Hace ya varios años tuve una charla con un médico que en teoría era especialista en Síndrome de Ehlers-Danlos (SED)
Luego de hablar sobre la compleja situación de la comunidad de afectados en cuanto a los retrasos en el diagnóstico, al desconocimiento de los médicos en los consultorios, a la afectación multisistémica, a la falta de tratamientos y un largo etcétera, este profesional me preguntó si a mi edad (en ese momento poco menos que 50 años) conservaba mi flexibilidad corporal.
Le dije que sí; y que, entre otras maniobras, todavía podía pasar mis piernas por detrás de mi cabeza.
Su respuesta fue: "Ya quisiera yo ser tan flexible!"
Confieso que me sentí un poco estúpida...