Hace un tiempo tuve una charla con una médica sobre el uso de la expresión “cebra” para referirse al Síndrome de Ehlers-Danlos (SED). Ella decía que el término no se aplica exclusivamente a esta enfermedad, sino a todas las enfermedades raras. Esto es cierto; una cebra es cualquier enfermedad que, por su baja prevalencia, no es pensada como posibilidad por los médicos en el consultorio, y esto sucede porque durante la carrera de medicina, a los estudiantes se les enseña a diagnosticar enfermedades basándose en el diagnóstico más probable: si escuchan ruidos de cascos galopando, lo lógico es que se trate de caballos (un animal frecuente), y no de cebras.
Entre paréntesis, sería bueno que los médicos también tuvieran en cuenta que:
“Al diagnosticar las causas de una dolencia en un caso individual, los cálculos de probabilidad no tienen sentido. La pregunta pertinente es si una enfermedad está presente o no. Que sea rara o frecuente no cambia las probabilidades en un determinado paciente… si el diagnóstico puede hacerse sobre la base de criterios específicos, esos criterios se cumplen, o no se cumplen.” [A. McGehee Harvey, James Bordley II, Jeremiah Barondess. Differential diagnosis: the interpretation of clinical evidence. 1979]
A pesar de esta referencia universal a las enfermedades raras como cebras, para los afectados por SED, este pariente rayado de los caballos tiene un significado especial:
