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25 de agosto de 2020

Desbalances

Hace 4 años, en la entrada “El cuidado coordinado. Del que carecemos la mayoría de las cebras” describí mi periplo en busca de algún médico que pudiera centralizar o dirigir mi cuidado y mi tratamiento. Todavía sigo buscándolo. 

Como ya he comentado por aquí, además de Síndrome de Ehlers-Danlos (SED) también tengo otras enfermedades, casi con seguridad desarrolladas como consecuencia del mismo SED o de su tratamiento, y como dicen hoy todos los médicos que consulto, “mi caso es complejo”, “tengo de todo” u otras frases por el estilo, que me hacen sentir que además de lidiar a diario con las vicisitudes de ser una cebra, necesito estrictos controles médicos –en especial de mi tratamiento-, para que no mejore una cosa, empeorando otra. 
La cuestión es…. que nadie coordina el cuidado de mi escasa salud, y por eso termina recayendo... sobre mí. Así es que mi agenda está llena de anotaciones del estilo: “última densitometría en fecha tal”, “preguntarle a algún médico si necesito hacer tal control de laboratorio”, “averiguar qué médico podría saber por qué tengo tal o cual síntoma”, “consultar si podría tomar tal medicamento que propone el Dr. tal” y otras por el estilo. 
De hecho, los médicos que me atienden saben que estoy atenta a estas cuestiones (porque no me queda más remedio) y si les comento que hace X cantidad de tiempo que nadie chequea tal o cual marcador en mi cuerpo, se encargan de extenderme las órdenes de laboratorio o estudios para conocerlo. De más está decir que agradezco su excelente predisposición! Pero cuánto más fáciles serían las cosas si hubiera un médico que se encargara de revisar la historia clínica y decidir que ya es tiempo de hacer otra densitometría ósea, o de conocer mis niveles de colesterol, o de averiguar cómo van los indicadores de mis enfermedades autoinmunes, por nombrar unos pocos. Y cuánto menos tiempo perdería yo en estas cuestiones. 

Entre paréntesis, a esto puedo sumarle la despiadada lucha contra la burocracia del sistema de salud, que insiste en hacerme perder el tiempo entre papeles, notas, recetas que necesitan autorización, sellos, firmas, rechazos de pedidos médicos y trámites de todo tipo. 

Si pusiera en una balanza mis problemas de salud de un lado, y los escollos que enfrento entre la falta de cuidado coordinado, la falta de conocimiento y el desinterés de varios médicos, y su negativa a involucrarse en un caso “complejo” como el mío –incluso dejando de lado la lucha contra el sistema de salud-, la carga se inclinaría sin ninguna duda hacia todo lo que rodea el tratamiento de mis enfermedades, y no hacia los numerosos problemas de salud que tengo a causa de ellas. 

Desbalances...

29 de enero de 2020

Caja de herramientas para el cuidado de la salud mental en el SED

A veces las cebras atravesamos momentos complejos, en los que, a los problemas de salud que manejamos habitualmente (que no son pocos) se suman, por ejemplo, un agravamiento de los síntomas, nuevos estudios, análisis y consultas, la falta de respuestas y de conocimiento por parte de los profesionales de la salud sobre todo eso que nos pasa, la ausencia de tratamientos específicos, la falta de apoyo de nuestro entorno -que no alcanza a comprender la magnitud de nuestra enfermedad-, y un largo etcétera, que pueden hacernos desarrollar cambios en nuestro estado de ánimo y sentimientos negativos. Por supuesto, es muy importante identificar y atender de manera adecuada estos problemas, pero... ¿por dónde empezar?...

The Ehlers-Danlos Society ha publicado una "Caja de herramientas para el cuidado de la salud mental en el Síndrome de Ehlers-Danlos y los Trastornos del Espectro Hiperlaxo" (Mental Health Care Toolbox for EDS and HSD), redactada por Maggie Buckley, Shani Weber y Sarah Fatherley. 

"Caja de Herramientas"

Me pareció una interesante propuesta, que puede ayudarnos en algunos momentos difíciles, y aquí debajo dejo mi traducción al castellano:

3 de noviembre de 2016

El SED y las enfermedades autoinmunes

¿Enfermedades Autoinmunes?


El término “enfermedad autoinmune” hace referencia a un grupo variado de enfermedades que pueden afectar a casi todos los sistemas de órganos del cuerpo (sistema nervioso, gastrointestinal, endocrino, el tejido conectivo, la piel, los ojos, la sangre y los vasos sanguíneos, el corazón y las articulaciones). En las enfermedades autoinmunes, el problema subyacente es que el sistema inmunitario ataca los órganos y tejidos que debería proteger (1).

Las causas de las enfermedades autoinmunes no están del todo claras, aunque se estima que ciertos factores ambientales, junto con una predisposición genética de la persona son los responsables del desarrollo de estas enfermedades. Se han identificado unos pocos desencadenantes; por ejemplo algunas drogas se asocian a algunas formas de Lupus, Trombocitopenia, Anemia Hemolítica y otras enfermedades autoinmunes. En algunas ocasiones, luego de una infección se puede desarrollar una enfermedad autoinmune. Existe evidencia circunstancial de que los virus pueden tener un rol en el desarrollo de algunas enfermedades autoinmunes. Se han estudiado varios nutrientes que contribuyen a la aparición de la tiroiditis autoinmune. Sin embargo, en la mayoría de los casos, no se encuentra una evidencia clara de ningún desencadenante ambiental para estas enfermedades (2).

Algunos ejemplos de enfermedades autoinmunes son: Hepatitis Autoinmune, Dermatomiositis, Diabetes tipo I, algunas formas de artritis idiopática juvenil, Síndrome de Guillain-Barré, Miastenia Gravis, Esclerosis Múltiple, Anemia Perniciosa, Psoriasis, Artritis Reumatoide, Esclerodermia, Síndrome de Sjögren, Lupus Eritematoso Sistémico, algunas formas de Tiroiditis y Vitiligo.

Enfermedades Hereditarias del Tejido Conectivo


El Síndrome de Ehlers-Danlos (SED) es una enfermedad que afecta el tejido conectivo. Al igual que en las enfermedades autoinmunes, el SED puede afectar todos los sistemas de órganos del cuerpo. Pero el Síndrome de Ehlers-Danlos NO es una enfermedad autoinmune, sino una enfermedad genética (es decir, que proviene de alteraciones –o mutaciones- en los genes) y hereditaria (es decir, que se transmite de padres a hijos).
Tal y como sucede en la población general, las personas con Síndrome de Ehlers-Danlos también pueden padecer -o eventualmente desarrollar- otras enfermedades, de diferentes orígenes (por ejemplo, otras enfermedades hereditarias, enfermedades metabólicas, enfermedades autoinmunes, etc.), relacionadas o no con él.

Las enfermedades autoinmunes y el SED


20 de septiembre de 2016

El cuidado coordinado. Del que carecemos la mayoría de las cebras

Al momento de mi diagnóstico de Síndrome de Ehlers-Danlos (SED) en 2006, yo llevaba 3 años con un diagnóstico previo de Síndrome de Hiperlaxitud Articular (SHA), hecho por una reumatóloga, quien había catalogado esa enfermedad como “benigna”, y me había hecho notar que “el SHA no era su tema”, ya que ella se dedicaba al tratamiento de otro tipo de enfermedades (por ejemplo, Lupus, Artritis Reumatoide, y otras de tipo autoinmune).
Mi sorpresa fue que el SHA no parecía “ser el tema” de ninguno de los otros médicos de mi ciudad, ya que todos parecían asociar “SHA” a “hiperlaxitud asintomática”. Es decir, desconocían por completo la enfermedad.

Entre mi diagnóstico de SHA y la confirmación del diagnóstico de SED, me conecté con muchas personas afectadas, por ambas enfermedades, y leí mucha información, tratando de encontrar por mi cuenta tratamientos para mis innumerables problemas de salud. Durante ese tiempo, un traumatólogo comenzó a sospechar que mi hiperlaxitud de “benigna” no tenía nada, porque constantemente estaba lesionándome las articulaciones.

Yo imaginé –ilusamente- que una vez confirmado mi diagnóstico de SED, por aquel entonces considerado una enfermedad “más seria” que el SHA (algo que fue echado por tierra hace unos años), los médicos finalmente me darían indicaciones sobre cuidado, controles, tratamiento y prevención de posibles problemas o complicaciones. Lamentablemente, salvo por un par de excepciones, esto no fue así.

El primer escollo que enfrenté fue que, basándose en premisas completamente erróneas, algunos médicos no creían que yo tuviera SED. Durante mucho tiempo escuché a diferentes médicos decirme: “No tenés aspecto de tener SED”, “No tenés SED porque tu piel no es tan elástica”, “Tu pulgar no toca el antebrazo, así que no sos laxa”, “¡¡¡¡Sos muy hiperlaxa!!!!.. pero no tenés SED”

El segundo escollo fue la falta de consenso de otros médicos sobre el posible curso de la enfermedad: “Con el curso del tiempo vas a ser una viejita ágil y nada más”, “Vas a terminar en silla de ruedas”, “De ahora en más, de ajedrez para arriba, considerá todos los deportes como de riesgo”, “Vos dale con el ejercicio, hacé todo lo que puedas”, y un largo etcétera.

No existe el “paciente patrón” con SED

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