Ante la situación de cuarentena que se ha generado a partir de la pandemia de COVID-19, en Argentina, todas las personas –enfermas y sanas- hemos asistido a los cambios planteados por las autoridades gubernamentales (a nivel local, regional y nacional) con respecto al uso de barbijos (al principio no eran obligatorios para salir de casa, luego sí), guantes de látex u otros materiales (¿hay que usarlos cuando salimos de casa? Si es así, ¿qué tipo de guantes deberíamos usar y en qué momento?) y a la frecuencia con la que podemos salir de casa (en mi ciudad, una resolución permite salir unos u otros días de la semana, por exclusivas cuestiones de necesidad, dependiendo de que nuestro DNI termine en número par o impar).
Aunque no sea nuestra intención estar pendientes de las noticias, en cierto punto debemos hacerlo, porque ya hemos comprobado la frecuencia con la que cambian las reglas, y ninguno de nosotros quisiera salir de nuestra casa un día que no nos corresponde, o sin usar un elemento de protección exigido por las autoridades, y exponernos a que nos apliquen una multa, o nos confisquen el vehículo, si es que salimos en coche (como puede suceder en mi ciudad, Bariloche).
En este momento, en Bariloche, se encuentra en fase de prueba una cámara de desinfección, que el municipio podría sugerir/obligar a los comercios a utilizar, intentando disminuir las posibilidades que las personas contraigan el coronavirus. Tal vez la utilicen; tal vez no. Antes no era obligación salir a la calle con barbijo, y ahora sí (y quien no lo use es multado).
Para las personas con enfermedades crónicas, y en especial para las que estamos en grupos de riesgo, a la preocupación que nos genera un posible contagio del coronavirus, se suman las cambiantes reglas que imponen las autoridades.
