Hace 3 días me apliqué la vacuna antigripal.
La enfermera me preguntó para qué era el parche que tenía pegado en un brazo. “Para el dolor”, dije, sin detalles. Se trataba de los parches de buprenorfina que uso para el dolor crónico.
“¿Dolor de qué?”, insistió.
Respiré hondo, y le dije “Tengo una enfermedad de baja frecuencia que afecta el colágeno (una proteína del tejido conectivo) y que provoca dolor crónico”.
Mientras cargaba la dosis de mi vacuna, muy asombrada, la enfermera siguió:
“¿Y qué enfermedad es?”.
“Síndrome de Ehlers-Danlos”, dije.
“¿Síndrome de qué?” Preguntó con esa cara de asombro que las personas con esta enfermedad conocemos bien al hablar de ella.
“DE EHLERS-DANLOS”, dije lentamente y aclarando la voz todo lo puede por debajo del barbijo.
“No la conocía”, respondió la enfermera.
“No la conoce casi nadie”, le respondí, con un poco de rabia.
“Así que afecta el colágeno… y si tomás colágeno? , dijo. Y agregó: “Porque viene el colágeno, en polvo, o líquido, que lo comprás en una dietética, y dicen que hace muy bien”.
Como ya había terminado la aplicación de mi vacuna, y yo estaba demasiado dolorida y cansada como para explicar que no;
el colágeno no sirve en el SED, le agradecí el dato y me fui.